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El camino de Jerusalén a Jericó: cómo era la ruta

Descubre cómo era el camino de Jerusalén a Jericó: altitudes, distancias, el desierto de Judea y el escenario de la parábola del buen samaritano.

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Antes de salir, pesas el agua que necesitas llevar. La mañana aún está fresca, pero el sendero cruza laderas secas, y el sol convertirá cada subida en un esfuerzo. En el mapa, Jerusalén y Jericó parecen vecinas. A pie, la historia es otra.

Por este camino subían los peregrinos a las fiestas y pasó Jesús rumbo a Jerusalén. Aquí también quedó tendido un hombre herido, en una parábola famosa. Ahora tu dedo recorre el mapa, desde las colinas de Jerusalén hasta el valle caluroso del Jordán.

En el camino, una pregunta insiste: ¿cómo era viajar sin asfalto, sin señales y sin auxilio por teléfono?

Jerusalén: donde empieza el camino

Jerusalén, la antigua Salem de Génesis 14:18, llamada también Jebús, se alza entre 750 y 800 metros sobre el nivel del mar, en las montañas de Judea. Partes rumbo al este, y el horizonte cambia pronto de color.

En el mapa son unos 25 km en línea recta y entre 27 y 30 km por la calzada romana. La cifra engaña. Desciendes cerca de mil metros en pocas horas, y las rodillas notan cada paso.

Los peregrinos hacían jornadas así, con los pies cansados y el corazón lleno de expectativa. Los Salmos 120 al 134, los cánticos de subida, resuenan con ese ambiente.

En Lucas 2:41-44, la familia de Jesús regresa de la Pascua en una caravana de parientes y conocidos, y solo al final del día advierte que el niño no está en el grupo.

La subida de Adumim y el desierto de Judea

Pasadas las últimas aldeas, el paisaje se desnuda. Aparecen colinas de caliza pálida, barrancos hondos y casi nada de sombra. Cerca corre el uadi Qelt, un tajo profundo en la roca, uno de los corredores naturales entre la meseta y el valle.

Poco más adelante, el camino atraviesa la región que suele identificarse con la subida de Adumim (Josué 15:7). El nombre recuerda la palabra hebrea para rojo, y la tradición vincula ese color con las rocas rojizas del tramo.

El silencio pesa. Solo se oyen el viento, el roce de las sandalias y el balido lejano de una cabra.

El suelo cambia a cada tramo. Hay tierra apisonada, piedra suelta y, en algunos puntos, calzadas e hitos miliarios que dejaron los romanos. Esos hitos revelan el interés de Roma por mover tropas y administrar la provincia. Los caminos más antiguos eran sendas que seguían el relieve.

Cada carga cambia el ritmo. Un burro cargado, un viajero solo y una familia con niños no avanzan a la misma velocidad. El calor obliga a parar, y la sed decide dónde dormir. Es el agua, más que el mapa, la que dibuja la ruta.

El descenso del samaritano

Ahora el sendero se hunde. En este escenario situó Jesús la parábola de Lucas 10:25-37: un hombre descendía de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de ladrones.

Entiendes por qué la historia atrapaba a quien la oía. El camino era solitario, lleno de curvas cerradas y rocas donde alguien podía esconderse. Un sacerdote y un levita pasan de largo. Un samaritano, de un pueblo despreciado por muchos judíos, se detiene, venda las heridas, paga el mesón y promete volver.

Jesús cierra la escena con una pregunta sobre quién fue el prójimo del hombre herido. El mesón muestra que el viajero dependía de una red de ayuda. Allí, el camino deja de ser solo camino y se vuelve prueba de compasión.

Jericó: la ciudad de las palmeras

Jericó aparece allá abajo, verde entre el ocre. Está a unos 250 metros bajo el nivel del mar, entre las ciudades más bajas del planeta, y hoy pertenece a Cisjordania. Deuteronomio 34:3 la llama ciudad de las palmeras.

El manantial que brota allí sostiene jardines, y la sombra después de la caminata parece un regalo. A unos kilómetros al este corre el Jordán, y Josué 3:16 dice que el pueblo cruzó el río frente a Jericó.

La Jericó de Josué se asocia con el montículo de ruinas de Tell es-Sultan. La del tiempo de Jesús estaba un poco al sur, junto a palacios de la época de Herodes el Grande.

Referencia Valor aproximado
Jerusalén 750 a 800 m sobre el nivel del mar
Jericó unos 250 m bajo el nivel del mar
Línea recta unos 25 km
Calzada romana 27 a 30 km

En Lucas 19:1-10, Jesús atraviesa la ciudad y encuentra a Zaqueo, jefe de los publicanos, que subió a un sicómoro para verlo pasar. La escena termina con una frase que quedó: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10). Después, el camino vuelve a subir, y Lucas 19:28 muestra a Jesús siguiendo adelante rumbo a Jerusalén.

Qué dice la Biblia y qué dice la arqueología

Lo que se acepta ampliamente

Los textos bíblicos muestran viajes en grupo, con animales y pago de hospedaje. Los arqueólogos han documentado tramos de calzada e hitos miliarios romanos cerca de Jerusalén. La geografía confirma el desnivel de unos mil metros hasta Jericó, que explica el bajar y el subir de los relatos.

Lo que se debate

Los estudiosos discuten el trazado exacto del camino en tiempos de Jesús, porque las rutas se reformaron y se reutilizaron durante siglos. También discrepan sobre la fecha de cada tramo pavimentado.

El mesón del samaritano pertenece a una parábola. La Posada del Buen Samaritano, que hoy se visita en el camino, ocupa una construcción de siglos después, y el texto no dice dónde habría ocurrido el encuentro.

Al final del camino

En el mapa, es fácil ver solo dos ciudades y una línea. Sobre el terreno, el camino guarda el esfuerzo de quien andaba, el peso del agua y una pregunta que atraviesa los siglos: ¿quién cuida de quien cae en el camino?

Preguntas frecuentes

¿Cuál era la distancia entre Jerusalén y Jericó?
Unos 25 km en línea recta y entre 27 y 30 km por la calzada antigua. El desnivel de unos mil metros hace el descenso más duro de lo que sugiere la cifra.

¿Era peligroso viajar de Jerusalén a Jericó?
La parábola de Lucas 10 retrata un asalto en este descenso, y las curvas cerradas y los tramos solitarios favorecían las emboscadas. La Biblia no dice con qué frecuencia ocurría.

¿Se puede visitar el mesón del buen samaritano?
Hay una posada con ese nombre en el camino, pero es de siglos después. La parábola no indica dónde estaba el mesón de la historia.

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